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Consultoría, Creatividad, Disrupción, empresas, Modelo de negocio, Propuesta de valor
Muchos empresarios se preguntan como adaptar su empresa a las nuevas tendencias, pero lo que no saben cual es la parte que debe mejorar o cambiar para lograr esa adaptación.

Antes de todo, si algo funciona no lo toques. Si estás ordeñando una vaca y lleva sacando mucha leche durante años a buen ritmo, sigue haciéndolo igual, ¡enhorabuena!. Pero si crees que se puede mejorar esa producción o es necesario, entonces debemos primero saber quien somos realmente.

Para analizar la propia compañía y su sector, hay que conocer de donde venimos. Habitualmente este paso podría ser el más sencillo, todo empresario sabe aproximadamente que valor real entrega a sus clientes. Pero debemos profundizar mucho más buscando respuestas que no son tan obvias como: ¿conoces bien al cliente final?, ¿por qué son esos mis clientes y no otros?, ¿cuál es mi competencia?, ¿por qué llevo x años haciendo lo mismo?, ¿dónde quiero y puedo estar dentro de 5 años?, etc.
¿Digitalización? ¿Innovación? ¿Canales de venta? ¿Internet?”
Una vez entendemos y asimilamos realmente quien somos y a que podemos aspirar, será el momento de mirar al futuro para adaptar tu empresa, pero con la mirada fijada en la compañía. Deberemos diagnosticar correctamente lo que necesitamos, no es lo mismo una empresa tradicional con pocas ventas debido a una reducción de su facturación por la crisis u otra igual pero que se ha reducido el volumen de negocio debido a la competencia. 

En los dos casos anteriores, el primero se pueden ver reducidas las ventas por ser un producto de lujo  en un contexto de crisis, y en el segundo por algo tan sencillo como puede ser el coste de producirlo, debido a que los nuevos entrantes lo hacen con costes más bajos, en este caso quizás la empresa necesita la famosa digitalización de la que todo el mundo se atreve a hablar, pero en la primera los canales de venta o el marketing pueden estar obsoletos. 
La importancia de la pivotación
Más importante aún que el diagnostico de una pyme que está estancada o en recesión, es la capacidad de adaptar tu empresa a esos cambios que necesita. Pivotar sobre si misma para virar a un nuevo espacio, no implica un giro de 180º respecto a la actividad que se venía realizando, sino transgredir en menor medida a lo tradicional. Yo no soy partidario de un abandono radical de actividades que ya no generen prácticamente beneficios, sino de que se mejore la propuesta y añadamos más valor a nuestros productos o servicios. 

El tejido empresarial de nuestro país es bueno, las compañías han creado infinidad de sinergias entre ellas, y los empresarios han sabido encontrar nichos que hace 20 años funcionaban durante largos períodos de tiempo, pero en la actualidad esos nichos son más reducidos en tamaño, de menor período y seguramente más competidos.

Recuperar la frescura y la creatividad de los inicios es algo fundamental, pero difícil de conseguir debido a la gran carga de trabajo diaria que soportan los altos cargos, a la cultura de la empresa y por ende a los posibles vicios adquiridos. En estos casos, algo que recomiendan las propias empresas que han pasado por estos procesos, es contar con un profesional externo que dé otra visión sobre como adaptar tu empresa, como dijo uno de mis clientes en el nombre de este proceso: “nuevo futuro deseado“.
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Creatividad, empresas, Propuesta de valor

Uno de los problemas que me encuentro en algunas empresas son las prisas por definir un producto resultante cuando aún no está del todo ideada la propuesta de valor. Una vez conocemos el problema a resolver o la necesidad de nuestro cliente, debemos idear bien una solución para este y no comenzar la casa por el tejado sino tenemos los cimientos asentados.

Para poder comenzar a definir la propuesta de valor de un producto o servicio de nueva creación es necesario que ideemos previamente en todo lo que este es capaz de aportar al público objetivo.

Qué problema/s resolverá, de qué forma, en que se basa la solución, qué otra cosa podría hacer, si incluimos alguna variedad más, si nos enfocamos a un sector o algo más genérico… Son infinitas las preguntas que hemos de resolver antes de empezar a concretar dicho producto ya que si no estaremos delimitando su potencial.

De igual manera que cuando somos adolescentes y nos planteamos nuestro futuro profesional, no decidimos ser profesor a secas sino serlo de infantil, de secundaria, educador social, etc. Un producto no puede mejorar la vida de una persona o empresa sin estar bien definido para que la solución sea visible a ojos de nuestro futuro cliente.

Es evidente que podemos construir un producto mínimo viable para testear esa solución que hemos diseñado, pero no enviar al mercado una solución que ni nosotros mismos sabemos cómo podremos ejecutarla, ni lo que nos costará realmente, no sería una opción ni mucho menos óptima y seguramente dañará nuestra imagen.

Seguramente llegaremos a un punto muy parecido sino lo hacemos de este modo pero somos disciplinados en otros ámbitos de la definición, pero el tiempo, esfuerzo y recursos que habremos desaprovechado serán muy altos en verso a una forma de ideación y definición estructurada.

En este enlace podemos saber más sobre como idear y construir una propuesta de valor basado en la creatividad dentro de la propia empresa:

http://carlosalonso.net/herramientas-analisis-negocio-validacion-ideas-modelo-canvas/

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